Sigo reviviendo viejos clásicos. Acabo de releer este y me gustó, el final sobre todo. Lo escribí en julio del año pasado.
Creía que yo le interesaba a alguien, Al final no quedó en nada, para variar. Me equivoqué, para variar.
¡Como puede cambiar el paisaje mental de alguien! Aunque todavía sostengo que el amor es lo único que me importa y lo único a lo que temo.
Quizá mi segundo nobre debió ser “Amaranta”. (Alusión a Cien Años de Soledad)
——-
Es curioso:
lo único que parece importarme,
lo único que parece hacer mi mundo girar,
es lo único a lo que le tengo miedo.
Es lógico por un lado,
pero eso no disminuye mi frustración,
no disminuye mi miedo a sostener la mirada, sonreír,
acercarme a hablar, a conocer….
Cobarde, me digo, me dije y me diré.
Cobarde soy, porque es el único ámbito
en que la humillación no se va de mi memoria.
Lo único que parece importarme
es lo único que puede lastimarme.
Mi orgullo es el problema,
mi miedo a equivocarme frente a los demás;
mi idealismo es el problema,
la idea subconsciente de que todo debería ocurrir por sí solo;
mi miedo al rechazo es el problema,
porque no hay nada peor para mí.
No sabes lo raro que es para mí
voltear y encontrarme con otros ojos
que me miraban y ahora se esconden;
o cruzar la mirada todo el tiempo
con alguien con quien jamás he hablado.
Y no sabes cuánto me asusta arriesgarme
y correr riesgo de decepcionarme.
¿O es todo la “fiebre ocular” de nuevo?
¿Es que sólo veo lo que quiero ver?
¡Cuántas veces me ha pasado…!
Me quiero bastante,
lo suficiente diría para alguien como yo
para alguien raro, distante, incomprendido;
porque, por lo que he visto en todos lados,
por lo que sé,
por lo que he vivido,
sé que gente así
ha de quererse o morir,
ha de aceptarse o morir,
porque, ¡cuán difícil es obtener cariño del “resto”!
Y por lo que sé,
por lo que he vivido,
sé que gente como yo no resalta
para el “resto”, al menos.
Maldito idealismo, siempre soñando,
aferrándome a la idea de que algún día,
eventualmente,
llegará alguien,
un príncipe azul,
un galán de telenovela a quién eso no le importará.
Maldita propaganda
de un amor ideal.
La vida es más cruel,
menos repetitiva,
más extraña,
más inesperada
y menos predecible que cualquier historia.
Es un juego continuo de “todo o nada”,
de “ahora o nunca”;
de errores que no se pueden corregir,
de arrepentimientos sin remedio,
de felicidades inexplicables,
de sonrisas enigmáticas,
de llanto de alegría y risa de dolor,
de oportunidades únicas,
de movimientos torpes,
de errores para aprender,
de miradas que dicen más que mil palabras,
de miedo a arriesgarse,
de inseguridad,
de honor desapercibido,
de generosidad olvidada,
de amor forzado y amor amordazado,
de amor inútil y desperdiciado,
de sueños que mueren como hojas, tapizan el suelo
para sueños que vendrán la próxima primavera;
de ruiseñores muertos, de golondrinas desaparecidas,
de luces y sombras,
de valores estéticos,
de ojos que se apartan y ojos que vuelven,
de ningún absoluto, de todos los imposibles,
de corazones rotos y corazones henchidos,
de manos tendidas y manos esquivas.
De todo…
y de nada…
y un poco de los dos.
Muy bueno. Muy muy bueno. A veces ser uno va en contra de lo que los demás queire que uno sea. La corriente seduce, pero amansa y roba la identidad. La personalidad única, original a veces es difícil de conservar. lo dice Bob Dylan por ahí, “hago lo mejor que puedo para ser yo, pero los demás esperan que sea como ellos”. Ahora la cuestión es realmente aceptarte, creo, tú a ti misma y no tú en relación con los demás. Una vez que tú sabes quién eres y te valorasa como tal, los demás empezarán a valorarte. Es simple el truco, en apariencia, pero sale bien una vez que se decide uno a realizarlo.