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Reporte: Post-Gira

Bueno, llegué ayer a medio día. Prendí el pc y revisé mis 3 mails (así es: 3), revisé mi flog, mi blog y jugué a los Sims 2. Le mostré mis compras a mi mamá y a mi primo, comenté algunas cosas.

La verdad, me siento como rara. Creo que debería sentirme distinta, debería experimentar algún cambio tras el viaje y no pasa nada. Por un lado lo sabía, sabía que me iban a preguntar “¿qué tal el viaje?” yo iba a contestar “bueno”, y se iban a intercambiar algunas preguntas de rigor y en eso quedaría, porque para los que se quedan han pasado sólo 12 días sin verme y nada más. Y sabía que la vuelta a la rutina no es difícil, que uno espera encontrar algo nuevo, algún cambio pero rara vez sucede y las nuevas luces pronto se apagan y todo queda igual que antes. Así es siempre tras cada campamento scout, tras cada viaje.

Ahora es así también, como que todo es lo mismo, aunque algo distinto; mas esa sensación podría ser más fuerte, podrían haber más cambios. No sé, en realidad no debería ser así, porque no es que haya explorado mucho de mí en el viaje, no pasó nada que me sorprendiera (bueno, sí algunas cosas, pero ajenas a mí). Sólo sé que me siento algo intranquila bien en el fondo (como el zumbido de una abeja en una habitación contigua) y que quiero escribir algo aquí.

El viaje… no sé, lo pasé bien. Lo pasé bien, conocí lugares, conocí más a mis compañeros de curso (a los chicos bastante más, porque rara vez hablo con ellos. Diferencias fundamentales, creo). Pero creo que podría haber llegado a disfrutarlo más… es que somos distintos, ellos yo. Siempre fui agrandada, lo reconozco, siempre quise ser mayor de lo que era; porbablemente porque siempre fui la menor de mi familia, crecí rodeada de adultos. Siempre he ido más adelante que mis compañeros, empecé a salir a los 12, ellos a los 15-16… ya pasé por eso de querer salir cada fin de semana (aunque nunca me gustó mucho bailar, me siento torpe). Bueno, y además de ese punto… no sé, pensamos distinto, estamos en different pages, esa es la expresión que tengo en mente.

Los quiero mucho, es verdad, pero tenemos diferencias importantes en cuanto a actitudes y gustos. No los cambiaría por otros, pero a veces me gustaría que maduraran un poco más rápido para poder sentirme a gusto entre ellos como grupo-curso, como masa. Los quiero, pero siento que no me conocen ni me entienden. Aún recuerdo una vez, a fines del año pasado, cuando estabamos en clase de biología y todos estaban reunidos en torno a la profesora (es muy simpática ella) y yo estaba aparte, escribiendo algo para una amiga con quien tenía un… no diré problema, pero sí había una tirantez entre las dos. El caso es que yo estaba aparte, y la profesora interrogaba a todos sobre sus vidas personales (“¿Y ud. señor Mödinger? ¿A ud. quién le gusta, a ver?”) y yo me reía desde lejos. El compañero en cuestion, para sacarse los pillos dijo: “Pregúntele a la Dani” o algo así. El caso es que la profe se volvió a mi:
“¿En serio? ¿Y ud., porque tan aparte?” me dijo con una mezcla de curiosidad y amabilidad. Yo sonreí e iba a responder que escribía algo, cuando una compañera intervino.
“Déjela, tante, ella es especial.”
Me la quedé mirando. No fue una burla ni tampoco lo dijo con claro desprecio; más bien sonó como si yo fuera un caso perdido, alguien a quien no valía la pena preguntarle porque estaba aparte.
“Esto escribiendo algo” respondí, aún mirándo a mi compañera y casi sin sonreír.

Bueno, ese es un ejemplo. Y en terrenos más amplios, creo que soy de los típicos niños que perdió algo de inocencia a causa de las peliculas e internet. Pero, en contraste, también soy una perpetua idealista, una eterna soñadora de un mundo de cuentos de hadas se podría decir, de un mundo más justo y más poético. Algo así como un cuento de caballeros, un mundo a lo Tolkien (y el Silmarillion es mi Biblia). Pero no sé en realidad que tanto tengo de ello, porque insisto en mezclar algo del mundo real en lo que escribo, insisto en imaginar escenas amargas y desesperanzadas, crueles a veces. Sin embargo, eso lo hago de forma más conciente, como para dejar de ser tan utópica, como para demostar(me) que sé de la existencia de la vida real, y porque la realidad aún me asombra. Por eso me encantan los libros de Stephen King: más que por el miedo y lo paranormal, porque muestra el mundo cotidiano sin romantizaciónes ni idealismos, muestra locura, comportamientos irracioneles, intolerancias, reacciones reales y que al leer se hacen obvias, pero que a mí jamás se me ocurriría escribir. Lo mismo Alberto Fuguet, aunque de él sólo he leido Mala Onda y Sobredósis.

Me he ido por las ramas y he escrito demasiado. Pero me siento mejor. Escribir es terapeutico y una necesidad, a veces.

Me largo, no es tarde (22:25) pero aún tengo sueño por recuperar del viaje. Y mañana vuelvo al colegio :’(.

Bueno, se agradecen comentarios de cualquiera que se anime a leer toda esta perorata que, lo más seguro, no le importa a nadie más que a mí.

Take care.

Lafken.




Reporte: De Gira

Escribo en un hotel de Iquique (Hotel Prat), toda apurada y sólo porque sueño con que hay gente que a veces se pasa por aquí. Hay calor húmedo, es mortal para una sureña como yo…, pero sobreviviré, so don’t worry. Mañana se viene Arica (3 noches) y se termina la gira. Ha sido algo incómodo (estoy más que harta del bus), pero vale la pena.

Hoy exploré mi veta consumista en la ZOFRI. Y jamás descubriré como pude gastarme tanta plata (esto antes de la ZOFRI).

Bueno, eso eso todo. Estoy haciendo hora para salir (a regañadientes) de carrete (fiesta)… pero son los sacrificios que hay que hacer para mantener la cordialidad y eso… otro día escribo eso, ahora estoy apurada.

Adiós.
Take care.

Amor

Esto lo escribí en Febrero del 2007, hace un año. Por esos días me rondaba este tema e hice lo que hago cuando me ronda un tema: escribir. Escribo y se me pasa la obsesión y la preocupación. No he escrito nada nuevo -ni se me ocurre nada- así que subo esto:



“Dime… ¿qué es más doloroso: amar sin correspondencia o ser amado sin sentir lo mismo? Porque yo no lo sé. Mi destino sólo me ha empujado a la primera situación, cantidad de veces, por lo que quisiera preguntarte a ti que lo sabes todo y lo que no, lo inventas. Aunque claro, debe ser más desagradable que doloroso, más triste que angustiante ser objeto del afecto de alguien a quien no quieres. Pero yo no lo sé, no puedo saberlo.

No puedo saber más que el hecho de que hay demasiado en mí para dar, demasiado amor guardado que no puedo entregar, porque me veo siempre frente a un conflicto sin esperanzas: o bien no me interesa en lo absoluto una persona, o bien la adoro con todo mi ser. Y nunca soy correspondida. Porque es demasiado, es afecto rayando en adoración lo que se agita en mí y lo que asusta y agobia a los pocos por los que he sentido amor en algún momento.

Es demasiado, pero es así como siento: todo el afecto que debería entregar a diez personas, lo concentro en una sola. Es excesivo. Y para empeorar mi suerte, no soy una persona fácil de querer, lo sé; no me entrego, no doy nada de mi alma a la gente que no me importa y de pronto me lanzo en un torrente de cariño por alguien que repentinamente se ve acorralado.

Me asusta no haber encontrado a nadie aún que suscite mi cariño y la vez pueda soportarlo. Es injusto y es cruel. Y yo salgo perdiendo. Me asusta más que nada la idea de que no llegue a encontrar a la persona justa, alguien interesante a quién yo le interese, alguien que yo quiera y que me quiera de vuelta. Pero aún así no voy con fingimientos, no me interesa andar de hipócrita por la vida.

Mi corazón parece un yermo helado la mayoría del tiempo.

Por eso es difícil ser amiga de mis amigas, algunas de las cuales siempre son queridas por todos, todos las adoran, las miran, las escuchan. Son así, y me duele su presencia de un modo que ellas nunca entenderían; porque ellas nacieron para ser amadas, aceptadas, idolatradas. A mí no me interesa, nunca he buscado fama o gloria, pero a veces en el fondo quisiera ser como ellas; saber querer a los demás y que ellos me quisieran. Pero mi corazón sigue impertérrito, y mi alma se opone a ser sólo una del montón, normal. E insisto en buscar el amor de aquellos que son como yo, marginados por su propia mano, distintos, indiferentes; pues siento que ese amor es más difícil y más significativo que el de los demás.

Sin embargo, me siento sola. Mi alma sólo cree en el amor, no hay nada más que le importe. Amor de verdad, completo, avasallante, profundo; no estoy hecha para sentir cosas superficiales, de una noche, un mes, gracias, adiós. Aunque claro, alguna vez he sentido lujuria, amor de una noche, atracción física, pero no es eso lo que busco cuando camino por la calle, cuando voy a un lugar abarrotado de gente. No, yo busco a alguien. Y es tan difícil de hallar, pues son tan altas mis expectativas: amor con todas sus letras o adiós, juego al “todo o nada”.

Y al mismo tiempo, ¡es tan terrorífico estar rodeada de mil personas más y no ver nada especial en ninguna de ellas! Es terrorífico pensar que no siento nada completo por nadie ni nadie por mí.

Por eso he venido hasta aquí, sabia señora, para que quizá tú puedas decirme qué es lo más doloroso: amar sin ser amado o viceversa. Porque yo no lo sé. Y quizá también puedas decirme si debo aguardar a mi príncipe azul o perder toda esperanza.

Aunque creo ya saber la respuesta a la primera pregunta; y con respecto a la segunda, aún si me dijeras que debo perder la esperanza, no estoy obligada a obedecer.

¿Y bien? ¿Me responderás?”

Agaredzco


Tengo que dar las gracias a mucha gente
por quererme y soportarme.

Sé que no es tarea fácil.

Sé que soy poco tolerante y cortante a veces,
que nunca me involucro como debería
-me mantengo demasiado al margen por causa de una mala experiencia metiéndome en vidas ajenas (un cagüin de una mina que me traumó)-,
que nunca llamo,
que no sé consolar ni animar a alguien que llora o que está triste,
que a veces soy demasiado distante,
o me quedo en puras promesas de “nos juntamos un día”…

Soy poco tolerante y digo cosas mordaces, pesadas,
pero nunca me enojo de verdad cuando digo eso y me arrepiento enseguida.
Me pregunto cómo puedo ser tan pesada,
cómo pueden aguantarme o pasar por alto el tono cortante que a mí me dolería.
Nunca he querido herir a los que quiero, pero no puedo evitarlo.

Y sé que a veces mis intenciones son gentiles, pero no la forma de decirlo.

Mi enojo -en todo caso- no dura mucho tiempo ni soy rencorosa,
y me duele sentir un alejamiento que no puedo evitar, aunque sea por un día
porque no doy mi cariño -el de verdad- a cualquiera
y me apego demasiado a los que quiero
-y no lo demuestro, lo que es peor-
no necesito verlos a cada minuto,
pero una palabra cortante o un alejamiento -en una mirada, en la voz-
me duele más que un mes de ausencia.

Vivo atormentada del sentido -como diría Fito Paez-
repasando mentalmente cada palabra dicha, cada gesto, cada acción que hago.
Pienso demasiado.

Y creo que hay gente que me quiere, pero no sabe del todo cómo soy.
Y eso es mi culpa, claro está
yo me escondo.
Y no creo que sepan nunca qué pasa por mi cabeza
ni se den cuenta de mis formas torpes de demostrar cariño,
más allá de los abrazos trillados y todo
porque he aprendido a ser más táctil, a abrazar, a besar en la mejilla y en la frente,
pero mi cariño siempre va en otras pequeñas cosas
más especiales.
En pasar tiempo juntos, en intentar hacer reír,
en escuchar, en buscarte para contarte algo que no le he dicho a nadie más,
en hablar
y tratarlos mal…

Me arrepiento en el alma, pero no puedo evitarlo.

Por eso y más:
agradezco tener gente tolerante a mi alrededor,
gente que me quiere lo suficiente para entender que a veces es mejor dejarme ser.
Con todo mi cariño.

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